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sábado, enero 15, 2011

En el Tigre

Lo pasamos muy bien en el Tigre. Si el Tren de la Costa no fuese un fraude, así como lo son los licuados del Puerto de Frutos y el propio Puerto de Frutos casi en su totalidad; si las excursiones en lancha no fuesen exorbitantemente caras y nos llevasen a recorrer el Delta de verdad y no un ratito por el Río Carapachay ida y vuelta; si no estuviese lleno de inescrupulosos, representantes de una argentinidad que debe terminar de una vez con urgencia (uno de estos, por ejemplo, creyó que éramos extranjeros, nos preguntó si hablábamos español a lo que nosotros no llegamos a responder porque no nos dio tiempo arrancando con su verso lleno de mentiras, y nos ofreció una excursión privada; ante nuestra gentil negativa con la cabeza, parece que este sujeto confirmó su hipótesis idiota de que no hablábamos el idioma y siguió a viva voz mientras nosotros continuábamos nuestro paseo: "la excursión incluye una visita a la biosfera, lugar a donde vos no vas ir nunca porque sos un boludo..." y ya no escuchamos más; pensamos en darnos vuelta y darle un buen susto, pero como tiene que aprender él solito los 10000 años de civilización que le faltan, preferimos no ahorrarle el trabajo y dejarlo permanecer en su envidia y su mediocridad envenenadas hasta que él solito lo disponga; podrán verlo a la salida de la Estación Delta yendo hacia el Río Tigre, es un cuarentón mal entrazado que se hace el galán); si la señalización de las calles tuviera en cuenta la orientación del visitante y no casi exclusivamente los negocios del gobierno (estacionamientos, perdón, "parkings", y otras yerbas)...; en fin, si los argentinos ya hubiésemos abandonado la práctica de embaucar todo lo que podemos al otro, sobre todo si tiene buenas intenciones y modos porque es un "boludo presa fácil", y terminásemos de entender que el bien común es un bien propio de mucha mejor calidad, lo habríamos pasado mucho mejor.

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