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martes, enero 11, 2011

María Elena conmigo

Descubrí a María Elena Walsh siendo muy chico, cuando la vecina de arriba me regaló el LP “Canciones para mí”. Recuerdo (yo, que no recuerdo casi nada) mi regocijo un poco desconcertado frente a lo indefinible de ese disco, hasta en su diseño gráfico. Muy pronto, en el 72, a mis diez años, pude verla y escucharla en vivo, pero cantando esa vez sus canciones para adultos, en la Sala Casacuberta del San Martín. Esas canciones –todas sus canciones- se me revelaban únicas porque decían lo que no se decía en canciones, porque sus melodías construían mundos más allá de las letras, y porque esa señora simpática-antipática, toda de túnica negra, pelo corto, ojos como portales, se plantaba frente a un micrófono de pie con un gesto inconfundible de que no le importaba mucho, y decía cantando verdades múltiples inabarcables, con una convicción firme si bien blanda. Otra vez, una vivencia indefinible: se me entregaba –como si se me consagrara caballero de alguna orden- un espejo travieso y “reformante”, que me iba a permitir ver desde distintos y renovados ángulos esa cultura pequeñoburguesa en la que me estaba (mal)criando. Nunca solté ese espejo. Así, su repertorio, para grandes y para chicos, me acompañó y me acompaña como único; nos habla a todos, chicos y grandes, de lo mismo: de la conciencia y la imaginación asociadas para la verdadera evolución.
Creo que todos los días de mi vida pensé, poco o mucho, en ella. Y, por supuesto, está presente en una (en varias) de mis obras, donde se la refiere de esta manera:
“seas siempre bendito por tu buen modo de la walsh”
en alusión a una de sus zambas deliciosas, “El buen modo”:
“Seas siempre bendito
por tu buen modo,
porque al darme poquito
me diste todo;
antes que la muerte
me robe la ocasión,
para corresponderte
aquí te mando mi corazón.”
En una de las puestas que hicimos en Buenos Aires, se cantaba ese estribillo.
Y justamente en París, ciudad que también es María Elena, Armando Llamas había traducido:
“sois toujours bénie pour tes bonnes manières - la maria elena walsh”
porque la zamba no tenía versión francesa, o por lo menos, no la encontramos en ese momento.
Entonces para la presentación del texto en vivo en Francia, se consideró oportuno (aunque quizá un poco forzado) apelar a un referente popular francés para ese texto, y llegamos a Georges Brassens y su “Chanson pour l’Auvergnat”. Con los reparos lógicos que despierta la responsabilidad del lenguaje y de la traducción, en lugar del estribillo de María Elena, se cantaba:
“Toi l'Auvergnat quand tu mourras,
quand le croqu'mort t'emportera,
qu'il te conduise à travers ciel,
au Père Eternel.”
Y así el auditorio asociaba y aceptaba: “la” María Elena Walsh era una especie de Brassens de por allá abajo.
Bastante tiempo después, me enteraba, gracias a Sergio Pujol y su biografía que recomiendo, que María Elena gustaba mucho de Brassens y, especialmente, de “Chanson pour l’Auvergnat”, y ese gusto había derivado en la necesidad de expresar su universo en una canción propia, una zamba para el caso: “El buen modo”.
Estas coincidencias me hacen confiar en que existe un sistema, pocas y felices veces perceptible, que nos contiene a todos.

Buenos Aires, 11 de enero de 2011.

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